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Un trío íntimo en el dormitorio
Ella se sentó primero. La cama cedió bajo su peso. Él se sentó después, a su lado. La mujer del top negro se sentó al otro lado de él.
Se sentaron en la cama
Sus cuerpos se tocaban. La pierna de él rozaba la de ella. La mujer del top negro apoyó la mano en el muslo del hombre. Sobre el tejido gris de su pantalón.
Ella llevaba una camiseta blanca. Las leggins negras se ajustaban a sus piernas. La otra mujer tenía el vientre al descubierto. Un top negro corto dejaba ver la piel. Un aro de metal brillaba en su ombligo. Sobre la piel, cerca del hueso de la cadera, unas líneas negras formaban un dibujo. Una palabra. Algo pequeño.
La lámpara de la mesilla estaba encendida. Su luz caía sobre la cama. Iluminaba sus cuerpos. Dejaba en sombra la pared detrás de ellos.
En la pared colgaba un cuadro. Una imagen abstracta. Manchas de color sobre un fondo claro. Un marco de madera oscura.
Sobre la colcha, cerca de sus pies, había un objeto rosa. Algo pequeño. No un juguete. Tal vez un accesorio. O una parte de la ropa.
Nadie se movió. Durante un momento. Solo respiraron. El hombre miró hacia la mujer del top negro. Ella le sostuvo la mirada. Luego él miró hacia la otra. La de la camiseta blanca. Ella bajó la vista. Hacia sus propias manos. Sobre su regazo.
La mujer del top negro deslizó la mano. Un poco más arriba por el muslo del hombre. Sus dedos se movieron lentamente. Apretaron levemente la tela.
Él no apartó la mirada de la otra mujer. Ella seguía mirando sus manos. Su espalda estaba recta. No se recostaba contra los cojines.
La habitación estaba en silencio. No se oía nada desde fuera. Solo el sonido de la respiración. El crujido leve del colchón cuando alguien cambiaba de postura.
Así permanecieron. Los tres en el borde de la cama. Esperando a que algo comenzara.
La mujer del top negro fue la primera en moverse. Giró hacia el hombre. Inclinó su cuerpo hacia él. Su hombro tocó el suyo. Su pelo oscuro cayó hacia un lado. Su boca se encontraba cerca de su oído. No dijo nada.
Él, finalmente, apartó la mirada de la mujer de blanco. Volvió la cabeza hacia la que tenía a su izquierda. Hacia el vientre descubierto. Hacia el metal que brillaba. Sus caras estaban muy cerca.
La mujer de la camiseta blanca los observaba. Sus ojos iban de uno a otro. Sus manos seguían quietas en su regazo.
La mano de la mujer del top negro seguía en el muslo del hombre. Sus dedos ya no se movían. La presión era constante.
El hombre levantó su propia mano. La colocó sobre la pierna de la mujer de blanco. Sobre el tejido negro de las leggins. La palma de su mano cubría su muslo. Ella no reaccionó. No se apartó. No se inclinó hacia el tacto.
Ese fue el principio. El primer acuerdo. Un toque. Otro toque. Una mirada.
Nada más.
Apareció y se puso delante
La puerta se abrió. Entró la mujer de la camiseta blanca. Cerró la puerta. Se quedó de pie frente a la cama.

Ella miró a la mujer del top negro. La mujer del top negro le miró a ella. El hombre no se movió.
Sin prisa
La mujer de blanco se acercó. Se detuvo junto a la cama. Puso una rodilla sobre el colchón. Se inclinó hacia el hombre.
Su mano izquierda tocó su hombro. Su mano derecha tocó su mejilla. Lo giró hacia ella. Empezó a besarlo.
El cambio
El hombre se dejó hacer. Se tumbó de espaldas. Ella se tumbó sobre él. Continuó besándolo.
Su brazo rodeó su cuello. Su otra mano se posó en su pecho. La mujer del top negro observaba. No hizo nada.
Los besos continuaron. La habitación seguía igual. La lámpara. El cuadro. El objeto rosa en la cama.
Mientras ella se arrodillaba
Él se levantó de la cama. Se colocó detrás de ella. Ella se arrodilló sobre la cama. La cama cedió bajo sus rodillas. Él puso sus manos en sus caderas.
Ella inclinó la espalda. Su pelo oscuro tocó la colcha. Su top negro se estiró. La pequeña lámpara en la mesilla proyectó una sombra larga. La pintura en la pared no se movió.
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El objeto rosa seguía en su lugar al pie de la cama. La luz era la misma. La habitación era la misma. Solo ellos cambiaron de posición.
| Qué hacía ella | Qué hacía él |
|---|---|
| Arrodillarse | Levantarse |
| Inclinarse | Colocarse |
| Apoyar las manos | Sujetar sus caderas |
| Mantener la postura | Observar |
| Respirar | Respirar |
Ninguno de los dos miró hacia la mujer de blanco. Ella los observaba desde el borde de la cama. La lámpara siguió encendida. El objeto rosa no se movió. Todo lo demás esperó.
Mientras ella no se movía
La mujer del top negro se sentó sobre el hombre. Se acomodó. Él no se movió. Ella se quedó así.
La otra, la de la camiseta blanca, se inclinó hacia ellos. Su boca encontró la boca de la mujer sentada. Se besaron. La de blanco puso una mano en la mejilla de la otra.
El hombre permaneció debajo. Sus manos estaban en las caderas de la mujer sentada. No las movió.
- La mujer sentada ajustó la posición de sus pies.
- La que besaba apoyó una rodilla en el colchón.
- La mano del hombre en la cadera se cerró un poco.
- La de blanco cambió el ángulo de la cabeza.
- La sentada arqueó la espalda.
- El cuerpo del hombre se hundió en el colchón.
Así estuvieron un minuto. Quizás dos.
Luego la mujer de blanco se tumbó sobre el hombre. La del top negro siguió besando su espalda.
Sin cambiar de sitio
La mujer de la camiseta blanca se tumbó sobre el hombre. Su cuerpo cubrió el suyo. Él permaneció debajo, quieto.
La mujer del top negro se inclinó sobre ellos. Su boca buscó la espalda de la otra mujer. Sus labios se movieron sobre la piel blanca de la camiseta. No la besó a ella, besó la tela que la cubría.
Ella no se movió. Recibió los besos en la espalda. Su rostro permaneció oculto contra el cuello del hombre.
Él no hizo nada. Sus manos siguieron sobre la cama.
Así se quedaron.
La lámpara siguió encendida. La pintura colgada en la pared no se movió. El objeto rosa en la cama permaneció en su lugar. Nada más cambió hasta el final.
